miércoles, 5 de septiembre de 2018

Empezamos mal

No empezamos septiembre con muy buen pie. El colegio de Retoño había solicitado un apoyo de pedagogía terapéutica. El personal con el que cuentan no da cubierto todas las necesidades de los niños.
En el aula de Retoño empiezan 22 niños de 3 años.
La administración no ha concedido el profesor de apoyo.
La solución que le da al colegio es que nos vayamos a un colegio de educación especial. Aun no hemos comenzado las clases y nos están invitando a marcharnos (no el colegio, la administración).
No me gusta el colegio de educación especial que hay aquí. No quiero mandar a mi hijo ahí.
Quiero un cole ordinario.
Mi hijo tiene derecho a una educación inclusiva, equitativa y de calidad. Como cualquier otro niño. ¿O los otros padres llevarían a su hijo a un colegio que les disgustase? No.
Para que la educación sea equitativa y que los alumnos saquen un provecho de ella necesita medios. En el caso de Retoño medios humanos. Un profesor de apoyo.
Un profesor que estará deseando que lo contraten.
La realidad es que estoy muy disgustada. Mientras tendría que estar disfrutando de los últimos días de descanso de Retoño antes de empezar el cole estoy tramitando citas con inspección educativa y pensando cómo van a conceder ese profesor al colegio. Porque cuando no lo han hecho ya, fácil no me lo van a poner.
Lo que están haciendo es colocarle barreras invisibles a mi hijo y que no se pueda beneficiar de una educación ordinaria y equitativa.
Lo que me están diciendo con esto es que la inclusión no existe en la práctica. Si ya tenemos dificultades en el día a día, esta es una más.
Tendría que estar agobiada por la compra de material, como cualquier padre, pero lo que estoy es con el estómago destrozado y una migraña impresionante pensando en cómo librar la batalla que tenemos delante.
Prguntándome que, si formamos parte de la sociedad, ¿por qué nos lo pone tan difícil?
¿A qué van los niños al cole? A aprender.

martes, 21 de agosto de 2018

Un día cualquiera de verano

Nos despertamos. Retoño desayuna y luego se queda en la trona con su libro interactivo.
Me tomo un café con bizcocho casero.
Retoño está de mal humor porque durmió mal. Nos vestimos y nos vamos a fisioterapia.
Despues de estar un rato en la sala de espera el fisio nos mira raro y le pregunto si teníamos sesión. Vamos a mirar la agenda.
Me confundí y llegué con 24 horas de antelación. Ya no me sorprende que me pasen cosas así.
Vamos al super a hacer compra. Como lo llevo en el carro Retoño se pone contento y se olvida de que estaba de mal humor.
Luego aprovechamos el tiempo libre con el que no contábamos y vamos a la biblioteca.
Retoño no deja de balbucear desde que entramos por la puerta. Menos mal que apenas hay gente.
Busco una biografía de las hermanas Brönte que no encuentro.
Me encantan las Brönte, sobre todo "La inquilina de Windfell Hall".
Busco un libro de Bukowski. Me llevo el único que hay. Me pregunto si la biblioteca sólo tiene un libro de Bukowski o es que están todos en préstamo.
Además me llevo un DVD.
Llegamos a casa y cocinamos.
Nos vamos a dormir la siesta, abrazados como siempre. Pero hoy sudamos como pollos porque hace mucha calor. A Retoño le da igual.
Cuando despierta nos vamos a la playa. Me encanta el trayecto a la playa por la combinación de aire acondicionado y música. Encontramos aparcamiento de milagro.
En la playa nos encontramos con una amiga y su niña. Nos bañamos un montón de veces.
Meriendo sandía mientras Retoño se transforma en croqueta. Me mira mientras intenta llegar con la lengua a la arena que tiene por los lados de la boca.
Volvemos a casa. Retoño se pone contento al ver a Mihombre.
Las gatas nos dan la bienvenida.
Nos bañamos y les decimos adiós a todas las arenas.
Jugamos. Cenamos. A cama.

martes, 7 de agosto de 2018

Adiós guardería

Hace tiempo que tenía ganas de escribir sobre la guardería de Retoño y al final lo hago ahora, cuando ya nos despedimos de ella.
Este pasado curso escolar a Retoño le tocaba empezar en el cole. Pero como el cole era algo grande y que nos asustaba lo que hicimos fue solicitar un año de flexibilización, con lo que retrasamos esa entrada en colegio y empezamos yendo a guardería.
Así Retoño, con tres años muy pequeñitos, fue a la guardería.
Buscamos una que dijésemos "esta". Y fue complicado. Porque hicimos una selección y las visitamos. Y la verdad es que nos gustaron mucho todas. Así que elegir no fue fácil.
Al final nos decidimos por una pequeñita. Del tamaño de Retoño.
Lo cierto es que no nos apetecía nada empezar. Dejarlo en un sitio desconocido para él y para nosotros nos daba miedo.
El periodo de adaptación no fue sólo para nuestro hijo. Fue para nosotros también. Lo necesitamos tanto como Retoño. Nos dejaron estar allí todo el tiempo que los tres necesitamos. Y no fue poco tiempo.
Pero nos facilitaron tanto las cosas que el miedo fue dando paso a la confianza. Y llegó un día que dejamos a Retoño y nos fuimos tranquilos. Se quedaba contento.
Y entendían lo que Retoño necesitaba. Como si lo conociesen de más tiempo.
Y nos transmitían cada día que era un niño querido en la guardería.
Me gustaba mucho el momento de dejarlo y el momento de recogerlo. Porque, aunque parezca una tontería, me sentía una madre normal.
La diversidad funcional de Retoño no existió en la guardería. Allí fue uno más, tanto para las profes como para los niños. Sólo importaba lo que Retoño podía hacer, sus intereses. Y esto nos lo supieron expresar por escrito en la hoja de evaluación. Nos escribieron todas las cosas buenas que tiene Retoño, que lo hacen tan especial por lo que es. Supieron ver todo lo bueno que hay en él.
Y esto para nosotros fue muy importante porque lo único que estamos acostumbrados a leer son informes médicos con todo lo que no alcanza.
Para nosotros terminar esta etapa de guardería es muy duro. Porque nos hacían sentir queridos y seguros. Es como si le tuviésemos que decir adiós a un amigo que se va a vivir muy lejos y que no lo podemos ver cuando queramos.
Ha sido una experiencia muy buena, de inclusión en mayúsculas. Donde la diferencia no existió. Pero si el cariño y la sensibilidad. El estar a gusto. El confiar totalmente. La flexibilidad con lo que los padres y niños necesitasen. Un recuerdo inmejorable.
El no querer marchar.

domingo, 29 de julio de 2018

La maternidad malcuidada

Hace poco fui al cine a ver una película. Se titula Tully. El tema principal es la maternidad. Pero sin edulcorantes. Los momentos duros. Porque los hay.
Esos momentos en los que estás tan cansada que no quieres ni moverte. Pero te mueves.
En los que te das cuenta de que por mucho que creas en la igualdad, ser padre o madre no es lo mismo.
En los que cualquiera puede opinar sobre como haces las cosas. Porque parece que ser madre incumbe a cualquiera que te mire.
Y esos momentos en los que te das cuenta que, hace diez años pensabas que te ibas a comer el mundo, y ahora eres un mortal más y lo único que te comes es tu cansancio al final del día.
Porque hay días así.
Al visionado de Tully le junté el aumento del permiso de paternidad (que no el de maternidad) y unas cuantas absurdeces sobre lactancia que lei en un libro de reciente publicación.
Y llegué a la conclusión de lo mal cuidada que está la maternidad.
Desde antes de ser madre la maternidad está mal vista. Hay empresas que en las entrevistas de trabajo te preguntan si vas a ser madre.
Una vez conocí una chica que la directora del centro donde trabajaba le hizo el "favor" de no decirle a recursos humanos que estaba embarazada para que le prorrogasen el contrato.
¿Qué escoges? ¿Vida laboral o ser madre?
Sí, es cierto, la mayoría de las mujeres son madres y trabajadoras. Pero lo tienen más difícil para llegar a puestos más altos.
Y lo que llegan es exhaustas al final del día. Frustradas porque no dan abarcado todo. (No sé en qué momento nos han convencido de que tenemos superpoderes).
La reincorporación al trabajo es demasiado temprana. 16 semanas. Te obligan a ir con un sacaleches al trabajo en caso de que decidas dar teta. Y en cualquier caso te obligan a ir con el corazón encogido pensando en que tu bebé es demasiado pequeño para estar en la guardería.
Y es que es demasiado pequeño. El primer año de vida el bebé no es capaz de diferenciarse de su madre. Es lo que conoce, por sonido, olor y sabor intraútero. Y por el cuerpo de la madre sigue circulando su bebé. Por eso la duración del permiso debería tener mayor duración.
Luego están las críticas que te caen por todos lados: si coges una excedencia para quedarte en casa, mal. Si te reincorporas a tiempo completo, mal.
Si das teta más de un año, mal. Si no la das, mal.
A una madre se la juzga a todas horas.
Quizás por intentar hacer una conciliación laboral y familiar que no existe en la mayoría de los casos. Porque conciliar no es trabajar 9 horas y poder dejar a tu hij@ esas horas en un cole. Porque estamos haciendo malabarismos cada día con la familia, trabajo y nuestra propia persona.
A lo mejor es que vivimos en un mundo tan de adultos que no les damos importancia a los niños. A lo mejor no es la maternidad la que está mal cuidada. A lo mejor es la infancia la que ha caído en el olvido.

miércoles, 4 de julio de 2018

Hasta las tetas

En los últimos años el avance en el acceso a la información ha sido impresionante. Hace veinte años yo no sabía lo que era internet. Si querías saber algo buscabas información en una enciclopedia. Pero a día de hoy vivir sin un buscador de internet se nos hace imposible. ¿Qué quiero saber como se hace una carbonade, que me la comí en Bélgica y estaba increíble? Pues se lo pregunto a google. Y esta rapidez y facilidad de acceso a cualquier dato es maravilloso.
Pero a veces la información que recibimos a través de una pantalla, solitaria, puede confundirnos.
Eso es lo que me pasó el otro día cuando en una red social descubrí una página de matronas que transmitía "argumentos feministas en contra de la lactancia materna". Y ahí es cuando me dije, en voz alta, estoy de las tetas hasta las tetas.
Creo que a día de hoy la mayor parte de la gente conoce los beneficios de la lactancia materna.
Y cada vez que veo un debate de este tipo se me atraganta.
Estamos creando un debate de algo biológico que llega un momento que se vuelve absurdo. Es un sinsentido.
Yo he dado teta. Si tuviese otro hijo daría teta. Tengo amigas con lactancias largas, hasta los cuatro años. Tengo amigas que se llevan un sacaleches al trabajo. También amigas que no quisieron dar teta. O que lo intentaron y no fue como ellas pensaban.
¿Y qué pasa en todos estos casos? Pues nada, que cada una hizo lo que mejor consideraba.
Yo es que lo veo tan sencillo como:
- Tengo nueve meses para pensar qué quiero hacer, busco información para tener conocimientos suficientes a la hora de tomar una decisión.
- Nace el bebé. He decidido dar teta. (Enhorabuena, has tomado tu primera decisión como madre).
Aquí hay dos opciones: el bebé se engancha y os adaptais ambos sin problemas o aparece algún tipo de dificultad. Si aparece algún tipo de dificultad hay solución: vas a la matrona o a un grupo de apoyo a la lactancia (hoy en día es fácil encontrar uno cerca).
- Nace el bebé. He decidido no dar teta. (Enhorabuena, has tomado tu primera decisión como madre).
En cualquier caso no hay que justificar nada. Ni si no quieres dar teta, ni si tienes una lactancia prolongada, ni si nada. Ni si al principio fue bien pero después tuve que dejarlo...
Cuando te conviertes en madre hay un montón de cosas que vas a tener que decidir. La alimentación de tu bebé es lo primero. Y hay que entender que lo que yo puedo tener muy claro no es lo mismo que tiene claro la mamá de al lado.
Creo que la alimentación de un bebé no debe formar parte de un debate. Ni necesita la justificación de una ideología. Ni ser una causa para descuidar más la maternidad. Porque la maternidad hoy en día, no está nada cuidada. No se valora. Cuando vale mucho. Porque sin ella nadie estaríamos aquí.
Creo que es algo íntimo entre dos personas. Una madre y su recién nacido. Una mirada hacia dentro y decir "yo lo quiero hacer así" y luego se lo transmites a tu bebé "oye, lo vamos a hacer así, seguro que nos sale bien".
Y sin más. Sin justificaciones.

miércoles, 27 de junio de 2018

Cuando 1+1=3

Recuerdo cuando Mihombre y yo eramos dos. Quitando la obligación de los horarios de nuestros respectivos trabajos el resto del tiempo era ocio. Películas bajo la manta, tirados en el sofá dejando transcurrir las horas, cenas fuera de casa, visitas a una cervecería a cualquier hora, cualquier día, planificar escapadas en último momento, pasar el día fuera de casa. En resumen, estabamos muy descansados. ¿Teníamos algún tipo de problema o preocupación? Ninguno. Fueron seis años viviendo en absoluta armonía. Qué discusiones íbamos a tener si vivíamos de lujo.
Así que decidimos ser padres.
Y es cuando uno más uno deja de ser una pareja. Tres no es igual a dos. Es matemática fácil. Pero no te das cuenta hasta que pasas unas noches sin dormir y todas las horas giran alrededor de un recién nacido. No puedes ni ducharte y empiezas a parecer paranoic@ pensando en que tu pareja descansa mucho más que tu.
Para cualquier pareja tener un hijo requiere un reajuste, una adaptación. Yo siempre digo de broma que "nunca tendrás tantas ganas de divorciarte como el primer año de vida de tu hijo". En verdad no bromeo.
Pero lo normal es que la pareja se readapte y las aguas vuelvan a su cauce. Uno se acostumbra a las nuevas rutinas, forma el vínculo con el bebé, a medida que pasa el tiempo ambos descansais más y... sois padres y estais bien así.
Pero si tener un bebé es una revolución en cualquier casa, tener un bebé con una discapacidad ya es otra historia. Aqui la readaptación es más compleja.
Al cansancio se le unen la incertidumbre, la tristeza, el miedo, el enfado y lo peor de todo, la visión tan distinta que van a tener al principio padre y madre. Es raro estar en la misma etapa de duelo o tener la misma visión de lo que está ocurriendo.
Suele pasar que en una pareja uno de los dos miembros se da cuenta de la realidad antes que el otro. Y esto crea una distancia y una soledad muy difícil de llevar. Y hace mucho daño en la pareja. Daños, que en algunos casos, pueden durar años.
Mi experiencia fue que yo tomé conciencia muy rápido de la realidad. Me di cuenta que lo que le pasaba a mi hijo era una situación grave y que iba a ser para siempre. La dificultad que nos iba a rodear se hizo muy real para mi desde el primer momento.
Mihombre no creía nada de lo que le decían. No le preocupaba absolutamente nada.
Era como si el tema fuese con otras personas.
Estabamos en situaciones emocionales totalmente distintas. Yo, que no podía dejar de llorar, y él que no me podía consolar porque creía que no existía motivo por el que estar así. Así que cada uno estaba enfadado con el otro. No demostrábamos el enfado, pero sí existía una distancia. Recuerdo sentirme muy alejada de él, de pensar que estaría mejor sola.
Había consultas que yo iba sola porque él no quería ni oir lo que iban a decir. Ahora con la distancia me doy cuenta que él estaba en una fase de negación.
No me gustaba estar en esa situación. Lo único que se me ocurrió en ese momento fue buscar momentos para los dos. Cuando Retoño durmiese, durante algún paseo que le daban mis padres.
¿Qué hicimos? Hablar mucho. De todo. Estar los dos implicados en el cuidado. En las terapias.
Formar el vínculo día a día con Retoño. Celebrar cada pequeño avance.
La toma de conciencia de la realidad de Mihombre llegó un día de formar natural. Cuando empezó a ver niños de la misma edad de Retoño se dio cuenta de la diferencia en el neurodesarrollo que existía. Fue así, sin más.
Nosotros llevamos ya tiempo en el que sabemos volver a ser uno más uno igual a dos.
Y esto es muy necesario. Si algo creo que es importante es no olvidar que fuimos y seguimos siendo una pareja. Cada pareja tiene que buscar un equilibrio en el que no estemos metidos en un bucle de reproches, de quien descansa más o quien se implica más, porque eso sólo lleva al hastio y posible futura ruptura. Hay que recordar qué nos unía.
Cada pareja debe buscar lo que le va bien. Algunas de las cosas que nosotros hacemos son:
A veces hay que pedir ayuda el entorno familiar. Se necesitan momentos a solas.
Nosotros cuando estamos solos no hablamos de Retoño, o si hablamos es para decir cosas buenas (para tratar temas médicos o cualquier problema que surja hay otros momentos, no cuando nos vamos de cena).
Cada día hay que tener unos momentos para hablar de temas como antes de ser padres. Cuando Retoño se duerme tenemos nuestro momento de sofá.
Nos damos cuenta cuando el otro está cansado y nos vamos relevando para que ninguno esté sobrecargado.
Nos damos un abrazo al empezar el día.
Nos decimos te quiero muy a menudo. Parece una chorrada, pero es importante. Es algo que no hay que olvidar.
Somos conscientes de que esto no es una carrera de velocidad. Es de marcha, así que vamos a fuego medio.
Tenemos momentos de ocio con Retoño.
Nos reímos mucho de nosotros. La verdad es que bromeamos de cosas increíbles.
Tenemos mucha paciencia mutua.

Es muy dura la situación de ser padres de un niño con discapacidad, por eso, si la pareja funcionaba bien antes, es una pena que se vaya apagando porque la situación nos supere, cuando la mejor forma de salir adelante es en equipo. Pero sí que es cierto que son momentos en los que hay que trabajar por ella, porque si no las dificultades del día a día, la rutina, el cansancio, si sólo se habla para darse el "turno" del cuidado del niño, la tristeza que a veces es inevitable y un millón de cosas más que nos pasan a diario y tenemos que resolver pueden hacer desaparecer esa pareja, que no hacía mucho, era feliz.

sábado, 19 de mayo de 2018

Boda real

Hoy por la mañana estuve viendo con entusiasmo la boda de Harry y Megan. Porque me encantan las bodas. Soy de las que lloran en cada boda y que disfrutan con la ceremonia. Además, como su boda es anglicana, me hizo pensar en la mia, porque también nos casamos por el rito anglicano.
Yo en casa no tengo un príncipe. No me ha tocado un cuento de hadas como el que he visto hoy en la tele. Lo suyo es una boda Real y la nuestra fue una boda real.
En casa tengo un hombre normal y corriente. De los que te cruzas cualquier día por la calle y no te llaman la atención.
A no ser que lo conozcas como yo lo hago.
En casa tengo un hombre que me sigue haciendo sentir especial después de todos estos años.
Que cuando más le gusto es recién levantada por la mañana.
Que me hace sentir que puedo hacer todo lo que me proponga.
Que el apoyo que da es incondicional.
Que hace todas las cosas que yo odio hacer.
Que cuando a mi se me agota la paciencia el demuestra que la suya es infinita.
Que comparte noches de desvelo.
Que nunca me pregunta a que hora voy a volver si decido salir. Porque entiende mi parte individual.
En casa tengo al mejor padre que Retoño podría tener. El que nunca ha dudado de la capacidad de su hijo. El que es su fan y animador incondicional. El padre que nunca ha flaqueado ni en los primeros momentos. Un padre que cuida cada día, de los que están ahí, dando tiempo de calidad. Besando y abrazando a cada rato a Retoño. Riéndose con él.
Que aporta a la casa esa dosis de lentitud que a mi me falta. Que frena los tiempos.
Que dice que tengo un don para todo. Y aunque yo no lo crea, me gusta oirlo.
Que no es romántico, pero cuando quiere ser detallista lo hace muy bien.
Que me escribe cartas por el día de la madre como si fuese Retoño y siempre me hace llorar.
Que se inventa historias raras de cosas cotidianas.
Que a veces me desespera y me dan ganas de gritarle.
Que me hace un zumo de naranja cada mañana.
Que me hace sentir bien. En casa.
Un hombre que está formado de tantas partes buenas que  me hace sentir que lo quiero. Y que pasaría por nuestra boda real otra vez. A pesar de las dificultades que luego aparecieron. Porque lo miro y siento que juntos hacemos las cosas bastante bien. No todo el rato, claro, pero sí la mayor parte del tiempo.