martes, 17 de enero de 2017

Nosotras

Mujeres. Mujeres de todas las edades. Gordas, altas, bajas, flacas, perfectas. Que disfrutan de su desnudez. Sin verguenza. Amando y respetando cada centímetro. Mujeres que saben que son bellas. Que estan hartas de que la sociedad las incite a consumir para cumplir una imagen establecida. Imagen establecida por otros, que no son ni nuestras abuelas, ni nuestras madres ni nuestras hijas. Porque nos han hecho olvidar que solo hay unos ojos a los que tenemos que gustar: los nuestros. Porque nos bombardean desde pequeñas con estereotipos imposibles. Porque las mujeres tenemos ojeras, y arrugas, y el pelo revuelto y vello en las axilas. ¿Y qué?
Y además tenemos que ser dulces, y pacientes, y sonrientes. Como si nunca pudiesemos enfadarnos, o estar de mal humor. Y no, tenemos mucho que gritar. Porque llevamos tanto tiempo sin ser escuchadas que ahora debemos elevar nuestra voz.
Por eso quiero mujeres que saben correr entre lobos. Que educan a sus hijas como lobas que saben enseñar los dientes ante la manada. Hijas que aprenden desde pequeñas que ni putas ni princesas. Que un principe azul no te va a rescatar de nada. Tu vas a correr libre en tu caballo.
Mujeres fuertes, decididas, con agallas ante la vida. Que no se rinden ante las batallas perdidas. Que sólo se paran para coger carrerilla.
Mujeres que forman hermandades con otras mujeres. Porque no somos enemigas como a veces nos quieren hacer ver, porque saben que separándonos cobran fuerza. Amigas hasta la muerte, luchando por nosotras. Llorando y riendo juntas. Apoyo incondicional el que encontramos en nuestras alianzas.
Independientes, amando lo que nos apetece amar. Cumpliendo nuestros sueños por nosotras mismas.
Mujeres satisfechas con su condición. Mujeres vivas.

sábado, 7 de enero de 2017

Hoy hace tres años:uno de los peores días de mi vida

Hoy, hace tres años, estaba embarazada de Retoño. Exactamente de 28 semanas. Recuerdo que ese día me desperté nerviosa, con sensación de que algo no iba bien. No noté moverse a Retoño antes de salir de cama como habitualmente hacía. No le quise dar importancia, me dije que estaría aún durmiendo ahí dentro y que depertaría con el azúcar del desayuno. Desayuné y tampoco se movio. Pasó la mañana. Recuerdo preparar la comida y estar agobiada. Después de comer me tiré en el sofá y nada, seguía sin notar patadas, a pesar de estar quieta y moverme la barriga para ver si se "activaba". Ya por la tarde, estando sola en casa, comencé a llorar porque la sensación de que Retoño no estaba bien era muy grande. Llamé por teléfono a Mihombre, que estaba en casa de sus padres, y le pedí que viniese para casa, que quería ir al hospital.
Cuando llegamos al hospital no dejaron entrar a Mihombre conmigo (en este hospital siempre lo hacen así y no lo veo justo). Yo esperaba que me dijesen que todo estaba bien, pero la cara del gine decía todo lo contrario. Llamó a una compañera que estaba en la sala de al lado. Le dijo a la matrona que me cogiese una vía. Y avisó al celador que no se fuese muy lejos que iba a haber una cesárea.
En ese momento de terror lo único que pregunté es si el bebé estaba bien. "Está vivo" me dijo. Y yo le insisti, "que esté vivo no significa que esté bien". No contestó.
Retoño estaba latiendo muy despacito. Recuerdo que me puso el sonido de su corazón y fue horrible escuchar lo lento que iba. Iba a menos ritmo que el de un adulto, cuando el latido de un bebe está en unas 150 pulsaciones por minuto.
Pensé que se estaba muriendo dentro de mi.
De vez en cuando recobraba velocidad, así que decidieron esperar y no sacarlo porque eran pocas semanas de gestación aún.
Entre ellos murmuraban "debe estar haciendo alguna tontería con el cordón". Días después supe que estaba totalmente enrrollado el cordón alrededor de él.
Me dejaron hospitalizada para monitorización fetal. Durante tres días no lo noté moverse absolutamente nada. Sólo sabía que estaba vivo por el monitor. Fue horrible.
En una de las exploraciones ecográficas le pregunté como una idiota a una gine si lo podía perder. La contestación fue "pues claro". Lloré tanto, tantísimo, que luego no paraba de tener contracciones. Una matrona vino a mi habitación a consolarme y le estaré eternamente agradecida por ello.
A los 10 días o así, que ya notaba de nuevo a Retoño y las monitorizaciones mejoraron , me mandaron para casa.
Los dos últimos meses de embarazo se definieron por el miedo. Tenía mucho miedo a que se muriese dentro de mi. A tener que dar a luz un bebé muerto. Casi no salía de casa, sólo quería estar con las manos en la barriga notándolo. No quiero imaginar lo que supone una muerte durante la gestación para una mujer. El vacío debe ser abrumador.
Y cada 7 de enero lo recuerdo y me entran ganas de llorar. Ganas de llorar por lo mal que lo pasé y ganas de llorar de agradecimiento de que a día de hoy lo pueda tener durmiendo sobre mi abdomen cada sobremesa.

sábado, 31 de diciembre de 2016

Fin de año

Madre mía, se acabó el año. Se me ha pasado volando, demasiado rápido. Lo mejor de este año es que ha sido un año tranquilo, empezó con alguna preocupación pero a partir de febrero no recuerdo ningún mal momento, así que no puedo pedir más. Las vacaciones de verano me dejaron muy buen sabor de boca y con ganas de repetir. Además contribuyeron a que Retoño y yo formasemos un cordón umbilical muy fuerte. Ahora me cuesta más separarme de él. Cada vez me apetece menos dejarlo alguna noche con mis padres y salir de cena. Prefiero despertarme a su lado y comérmelo a besos y ver como me mira.
Y ahora toca pensar en los propósitos de año nuevo. No soy yo mucho de planificar a largo plazo, perp este año me apetece hacer una lista:
- Cuando esté haciendo una cosa, sólo dedicarme a eso en ese momento.
- Visitar un sitio que no conozca.
- Ver al menos una exposición (si es de pintura, mejor).
- Acostarme más temprano.
- Organizarme mejor cada día y así tener más tiempo para jugar con Retoño.
- Ir al menos una vez al teatro.
- Llevar a Retoño al menos una vez al mes a la piscina, que disfruta mucho en el agua.
- Estar menos pendiente del móvil.
- Hacer un diario de fotos de las cosas chulas que hagamos.
- El 1 de octubre me propuse no comprar ninguna prenda de ropa en un año, así que intentaré seguir cumpliéndolo este nuevo año.

Y creo que ya. No me pongo cosas muy complicadas porque si no sé que no las cumplo.
Ojalá el 2017 nos traiga cosas buenas a todos.

domingo, 25 de diciembre de 2016

En Holanda

Como en la metáfora "Viaje a Holanda" o cómo ser madre de un niño con discapacidad, veo a mis amigas ir y venir de Italia mientras yo sigo en Holanda. Tienen niños que van creciendo, cada vez son más independientes y me dan la buena noticia de que van a volver a Italia. Y me alegro un montón. Son libres para volver a decidir ser madres.
Mi útero quiere albergar vida de nuevo, pero no se lo puedo permitir. Cuando les pregunto a los médicos si se puede repetir lo de Retoño no saben dar una respuesta.
Yo no sé si mi hijo va a caminar o a hablar algún día. Y no quiero romperle las alas a otro ángel.
Y en estos momentos de tristeza me enraizo en mi hijo. Me abrazo a él como si fuese una madera en medio de un océano. Lo escucho respirar mientras duerme y yo duermo en su sueño. Aprovecho el aire que exhala para respirar yo. Su calor me alivia y el peso de su cuerpecito me tranquiliza. Y él es ajeno a todo. Es una sonrisa infinita, como su inocencia.
Y entonces me digo que las cosas son así, la vida sólo va en una dirección y no hubiese podido suceder nada de otra forma. Y me conformo.
Aunque a veces no. Quiero ir a Italia. Quiero tanto a Retoño que me gustaría querer así una segunda vez. Pero una vez en la que las cosas fueran distintas. Y fáciles.

domingo, 11 de diciembre de 2016

Cicatrices invisibles

Grita. Mientras el mundo continua cogiendo velocidad y tu quieres quedarte parada. Cierra los ojos y deja que la lluvia te moje hasta que consiga ahogar tu enfado. Muerdete el puño hasta que quede la marca de tus dientes en tu piel. Sal corriendo, corre sin parar hasta quedarte sin aire.
Has despertado del sueño en el que has pasado tiempo sumergida. Y ya no crees en las normas que giran el mundo. Tus viejas creencias han quedado sepultadas bajo el peso de los desengaños. La vida te ha estafado.
Pero en vez de rendirte le haces un corte de mangas. Le echas la lengua y le dices "que te den".
Y sigues. Con tu nueva versión. Una que te gusta más. Porque descubres que no puedes buscar fuera lo que necesitas. Porque lo que necesitas está dentro de ti. Y con eso pones una media sonrisa, entrecierras los ojos y ves a la gente que continua sumergida en ese sueño infinito, del que quizás tengan la buena o mala suerte de no tener que despertar jamás.
Llevas cicatrices invisibles que sólo tu puedes ver. Pero las acaricias cuando te quedas a solas. Las amas. Puedes contar la historia de cada una de ellas. Puedes escupir encima de lo que te las provocó.
Y sabes que la vida es finita. Que sólo vas a estar aquí un rato. Y que todo lo que te pase es circunstancial. Que nadie puede enjaular tu mente. Ni tu alma. No deseas nada, al mismo tiempo que deseas todo. Más sonido, más color, más besos apurados, más miradas, más risas, más mordiscos. Más tiempo, más aire. Estar en lo alto de un acantilado y que el viento te atraviese. Estar en el fondo del agua hasta que pienses que los oidos te estallan.
Sientes que estas despierta mientras los demás caminan sonámbulos a tu alrededor.
Y te preguntas si existen otros noctámbulos como tu. Que gritan en silencio y a cámara lenta.

viernes, 25 de noviembre de 2016

Dia contra la violencia de género

Sonríe, que se vea que eres una niña buena.  Si no te portas bien no vas a gustar. ¿Pero por qué vas tan mal arreglada? Si no les gustas algo harás mal.
Se dulce, no levantes la voz. Tu no tienes razón, los demás sí.
Con esa forma de ser no vas a tener amigos.

Lo siento, estaba borracho, yo te quiero. Lo hago por tu bien.
¿Pero a donde vas con esos pantalones cortos? Que gorda te hacen. Que delgada estás, pareces un esqueleto.
Estás sin depilar, que asco me das.
Tienes suerte de que esté contigo, gracias a mi vas a tener una personalidad.
¿Con quien hablabas? ¿Con los idiotas de tus amigos? Que patéticas son tus amigas.
Si quedan contigo es por pena, no porque les caigas bien.
Si tus padres supiesen como eres en realidad no te querrían.
Me debes mucho.
No eres buena profesional. Más te valdría quedarte en casa. No te mereces cobrar lo mismo que yo.
Eres ridícula.
¿Pero qué música escuchas? No sabes de nada. Vaya ignorante.
A ti qué te importa dónde estuve esta noche.
Mi anterior pareja sí que follaba bien. Tú no te mueves.
Que guarra eres, mira como tienes la casa.
Ella sí que es estupenda, no como tu.
Todo lo que me pasa es por tu culpa. Ni siquiera estoy enamorado de ti.
A cuantas cosas renuncio por ti.
Antes de estar a mi lado no eras nada.
No te estaba ridiculizando en la cena, solo bromeaba. Que suspicaz eres. No es para tanto.
Lo fastidias todo.
Si tuviesemos un hijo te querría más.

Y mientras te haces pequeña, pequeñita. Asustada. Acabas creyendo lo que te dice. Sin ver la salida a una vida que no te mereces.

#niunamenos

jueves, 17 de noviembre de 2016

Duna mirando el mar

Me imagino a Duna mirando hacia el mar. Porque el ahi el horizonte es infinito, aunque ella tiene la mirada perdida en un final.
Me la imagino así cuando está triste. Tiene toda la razón para estarlo. Para enfadarse. Todo el derecho para gritar. Para no conformarse.
Porque si pierdes un hijo y toda tu casa queda oliendo a él, ¿cómo vas a estar?
La vida sigue para Duna. Pero a veces se detiene en ese horizonte. Porque seguramente no entiende cómo puede ser que los días sigan existiendo, que todo siga funcionando y que incluso ella siga adelante sin Él. Entonces esos días su mirada se nubla.
Pero no está sin Él. Él siempre está presente. Siempre lo recuerda. Siempre lo querrá.
Duna continúa su vida. Es tan valiente que ha vuelto a pasar por un embarazo, por un parto, por una lactancia. Ha vuelto a dar amor sin esperar nada a cambio. Con el miedo a perderlo todo. Haciendo sitio a su nuevo hijo, en su corazón, al lado del que ya no está en sus brazos.
Ha seguido cuidando de sus hijas mayores, aun en  los momentos de dolor inconsolable. Ha sabido manejar su pena sin contagiarla. Niñas felices que se saben queridas y protegidas. Que ahora tienen un hermano. Pero también se acuerdan de que antes Él también estuvo y lo rememoran de una forma natural.
Duna sale corriendo de casa cada vez que la llaman si hay un animal en peligro. Rescata esas pequeñas vidas que a pocos le importan. Duna es generosa. Porque sigue mostrando preocupación por los que no se pueden defender.
Duna ha tenido que recomponer un puzzle de su ser. De la forma más difícil que me puedo imaginar. Porque perder un hijo no entra en nuestra lógica. No puedo ponerme en su lugar. No siquiera lo quiero imaginar. Sólo pensarlo me asusta. Asi que sólo puedo pensar en miles de piezas esparcidas, perdidas...uniéndolas de nuevo, poco a poco. Que difícil, que agotador.
Duna tiene derecho a llorar, aunque haya alguien que le diga que no, que su momento de tristeza ya tuvo que pasar. Duna puede pararse y mirar el mar con sus ojos nublados para luego seguir uniendo piezas.
Duna juega. Duna llora. Duna grita. Duna ama. Duna es valiente. Duna es una guerrera. Duna vive. Y a veces se para. Para descansar. Para luego continuar.
Duna necesita abrazarse a sí misma. Darse consuelo. Y seguir al ritmo que ella decida.

Duna es mi amiga. Aunque ese no es su nombre. Cuando se siente mal por estar triste yo sólo pienso "que bien lo estás haciendo". Ella no se da cuenta de la cantidad de piezas que ha conseguido unir.
Eres impresionante.